Les resultará sugerente y hasta familiar el título. Seguramente, de la película bélica protagonizada por Errol Flynn o de aquel grupo musical popero de los 80 con sus "birmettes" danzando locamente. Ni lo uno ni lo otro. Con este título me refiero a la necesidad de emprender nuevas y más contundentes ofensivas mundiales a favor de la Premio Nobel Por la Paz Aung San Suu Kyi y de la democratización de su país: Birmania. Todos los esfuerzos diplomáticos, campañas sociales e iniciativas de protesta y peticiones de súplica que se han dirigido a las dictatoriales autoridades civiles y militares birmanas no han sido en vano. De hecho fueron numerosas, fuertes y efectivas, más siendo insuficientes, con ellas se logró en 2002 la liberalización de la líder opositora que estuvo bajo arresto domiciliario y vigilancia desde 2000.
Lamentablemente, Aung San Suu Kyi sufrió una nueva detención en junio de 2003 con la excusa de velar por su protección, lo que causó poderosa presión y enorme condena internacional de estadistas, diplomáticos y organizaciones pro-Derechos Humanos. Incluso EE. UU se vió obligado a reforzar sus sanciones al gobierno dictador de Birmania.
En esta época de continuadas injusticias, la voz y el pensamiento de Aung San Suu Kyi de la "no violencia" democrática secuestrados por quienes coartan las Libertades, violan los Derechos y mantienen Birmania militarizada entre el caos, la represión y el terror; es como una vela encendida en la oscuridad. La luz que vive en los corazones de la inmensa mayoría de los birmanos. Vencedora real y material de unas elecciones cuyas autoridades le negaron el poder que por derecho, ley y justicia le corresponde. Fue un duro golpe para ella el hecho de ganar limpiamente unos comicios y después impedirsele ser la presidenta democrática, sin poder ejercer como tal, para seguidamente retenerla privándola de libertad en su propia casa.
Por ello, Aung San Suu Kyi sigue siendo la esperanza para su pueblo, el símbolo o referente de todos los democrátas birmanos. Pero también es un ejemplo para aquellas mujeres de todas razas y naciones del mundo en similar situación. Es la nueva Gandhi del siglo XXI aunque no luche contra una invasión extranjera sino contra un régimen dictatorial propio. Su no violencia, la humildad y el talante pacifista la distinguen y equiparan a prestigiosas figuras del Humanismo y la Paz como Mahatma e Indira. Ya es casi un mito, un avatar. Un icono. Un arquetipo. Una apóstol del pacifismo, la libertad, la justicia, la lucha de clases, el humanismo, la paz, la democracia. La aureola de Aung San Suu Kyi ha trascendido los límites de Birmania. Se ha convertido como Luther King, Mandela, Teresa de Calcuta, Tutú y tantos más; en un símbolo mundial. Es un poco nuestra, de cada uno de nosotros. Aunque en mayor medida del sexo femenino. Si hubiese un solo gramo de la esencia de Suu Kyi en cada mujer del mundo, tal vez las injusticias menguarían. No obstante, seguro que habrá más de una anónima Suu Kyi que no conocemos, en una situación similar a la lider birmana.
Reconocida con galardones mundiales -Premio Nobel Por la Paz, Premio Sajarov a la Libertad de Pensamiento- es declarada "Prisionera de Conciencia" por la organización defensora de los Derechos Humanos "Amnistía Internacional". Mujer valiente, voluntariosa, ni las huelgas de hambre ni los arrestos o detenciones han callado su voz por la libertad y la democracia de Birmania. Aún teniendo a favor unos 13 Nobeles por la Paz que firmaron un carta de protesta pidiendo su libertad al gobierno represor, Suu Kyi necesita de nuevo más y mayores apoyos internacionales. Continúa detenida y a pesar de las constantes protestas institucionales e individuales remitidas, el ejecutivo birmano no suelta prenda. Se empeña en no reconocer ni admitir los resultados electorales. Le niega el poder a Aung San Suu Kyi. Se prodiga en continuas excusas y falsedades para justificar su detención y no ha mostrado el mínimo atisbo de liberarla definitivamente.
A todo ello, cabe que la opinión pública internacional se sensibilice. Gobiernos, ONGs, fundaciones, partidos políticos, artistas, diplomáticos, ciudadanos en general y sobre todo la ONU y la UE han de incrementar su presión al gobierno birmano en favor de Aung San Suu Kyi -libertad y toma de posesión como presidenta electa, aunque ésto es complicado pues la junta militar no querrá traspasar el mando del país- mediante cartas, correos electrónicos (hay webs pro-birmania libre en favor de Suu Kyi), artículos y publicidad en medios de comunicación, obras de arte, espectáculos de expresión, conciertos, voces diplomáticas pero enérgicas en foros como el Consejo de Seguridad y la Asamblea de Naciones Unidas, resoluciones aprobadas en Parlamentos, Congresos, Senados y Consejos de Ministros.
Debemos insistir como en los casos de Safiya y Amina Lawal. Esas solidaridad, sensibilización, conciencia ciudadana y protesta masiva con que apostamos por las mujeres nigerianas víctimas de las injusticias sociales, hemos de demostrarlas otra vez para con Suu Kyi. Apoyar su causa noble es defender los Derechos Humanos, la Libertad, la Paz, la Justicia y la Ley: en definitiva, supone una apuesta por la Democracia en Birmania y el equilibrio pacíficista mundial. Protestemos pues, la movilización consigue resultados. Ella se merece nuestro apoyo. Aung San Suu Kyi, es la única alternativa para los birmanos. El mito heroico hecho mujer o la esperanza de un pueblo.
Hoy más que nunca, "Objetivo: Birmania"
JOSEP ESTEVE RICO SOGORB