A más de un año ha de los tristes y lamentables incidentes en el Polígono de Carrús de Elche (Alicante), la llamada "crisis del sector zapatero" nos ha dejado como si de un tornado se tratara unos efectos devastadores: siete mil empleos destruídos en cuatro años, fábricas y talleres intermediarios cerrados, naves incendiadas, disturbios, pérdidas económicas y de cuota de mercado, subida del índice de regulaciones de empleo, deslocalización empresarial, competitividad hostil, morosidad, aumento de impagados, calentamiento de la economía, incremento desmesurado de créditos y préstamos, operaciones fraudulentas debido a las importaciones de China , falsificación de marcas, incumplimientos medioambientales, prácticas de dumping, dificultades presupuestarias familiares, falta de optimismo inversor y consumista, proliferación y dominio casi absoluto de las empresas asiáticas en el Polígono Industrial de Carrús de Elche, etcétera.
Todo un panorama nada halagador, sumamente grave. Por doquier y a diario se oye la proclama "¡el calzado se muere!" -para la gente de a pie, ya lo está; para otros, está en agonía o en coma-. Sin embargo, para los dirigentes empresariales y la administración, el calzado tiene futuro, posibilidad de sobrevivir y superarse aunque sea mediante la aplicación de reformas, reajustes, medidas y legislaciones proteccionistas y reimpulsadoras adecuadas. Esperemos que así sea. Ojalá pronto se noten efectos benignos capaces de aliviar la crisis zapatera y la economía, que buena falta hace.
Algunas de éstas medidas, como las discutibles opciones de que nuestros fabricantes vendan sus zapatos en territorio chino o asociarse con empresarios de China para mantener negocios en suelo español -si no puedes contra tu enemigo, aliáte con él- se están llevando a cabo. Dudo sobre la infalibilidad de ambas, aunque sean posibilidades merecedoras de ser comprobadas.
A pesar del apoyo de la UE al calzado español de Alta Moda en Italia y a muy a pesar de las presiones a China desde la UE por sus exportaciones ilegales, su competitividad, su escaso control arancelario aduanero y su masiva entrada descontrolada de productos a bajísimo precio; los asiáticos siguen creciendo en volumen comercial e incrementando la presencia de naves en nuestro suelo español con invasión de artículos de coste barato tanto en calzado como en textil, juguete, automóvil, telefonía, nuevas tecnologías, etcétera; siendo los efectos negativos comunes en todos estos sectores. ¿Amenaza? ¿Necesidad? Ustedes juzgarán en conciencia.
En cuanto a la economía, precisamente a partir de septiembre, los bolsillos se resienten. Si a la crisis zapateril, que ha producido un trasvase de personas del calzado a otros sectores, sumamos la improductividad de agosto, las vacaciones -dejando peladas las tarjetas de crédito- y ahora los excesivos gastos en la vuelta a clases más el pago del IBI -¡es criminal que en pleno gasto de libros y material educativo y tras las vacaciones, ahora se nos cobre este impuesto de un plumazo dejándonos las cuentas a cero a más de un ciudadano? ¿Por qué no cargan el IBI en octubre? ¡Qué nos den un poco de respiro, por favor!- ; la mayoria de los contribuyentes nos hemos quedado tiesos, con las carteras llenas de telarañas.
Así nos va a la gran parte de la población, de clases humilde y media, Y sobre ésta, dudo que se pueda seguir llamando tal. Los analistas dicen que la clase media -otrora motor socioeconómico- está desapareciendo. Al paso que vamos, con el poder adquisitivo por los suelos y viviendo in extremis, ahogadamente, sin llegar a final de mes; la clase media será arqueología dentro de poco aunque queden algunos supervivientes o "últimos mohicanos".
Urge evitar que la clase media sufra, entre en declive o desaparezca. Administraciones, políticos, empresas, bancos, sindicatos, etcétera; deben mimar, proteger y cuidar a la clase media. La situación no es para tomarla a broma. La recuperación económica en todos los sectores resentidos es posible siempre que todos arrimemos el hombro potenciando lo nuestro: ¿"Made in Spain o Made in China?". Elijan ustedes.
Por Josep E. Rico