miércoles, abril 26, 2006

Violencia entre sexos (o el 15 por ciento)

La tan minoritaria y esporádica violencia de género contra hombres ha aumentado un 15 por ciento a tenor de las recientes estadísticas según el índice de asistencias sanitarias y las ya registradas denuncias policiales y judiciales. Ya sabemos que cualquier clase de violencia es un mal a erradicar, una lacra civil como acto deplorable y negativo socialmente, pero resulta curioso tan recién considerable incremento o brusco despunte al alza en cuanto a porcentaje de casos en que el hombre también sufre algún tipo de violencia física y psicológica.

Analizando la situación, especialistas como psicólogos, administraciones públicas -departamentos de servicios sociales-, juzgados -magistrados, abogados, tribunales- y fuerzas de seguridad -comisarías y policías-; todos parecen coincidir más o menos en señalar que las causas de tal incremento en la violencia hacia o contra el varón son, entre otras: la mayor proliferación de denuncias contra mujeres por parte de hombres, el aumento general de la violencia global en si -la sociedad es cada día más violenta, hay mayor agresividad en las familias y entre sexos- y el hecho de que la mujer se haya armado de valor decidiéndose a denunciar lo que antes callaba por temor a consecuencias trágicas. Digamos que la situación de la violencia de género o doméstica ha cambiado, se ha ido modificando muy rápido.

Ese porcentaje del 15 por ciento de hombres que presentaron denuncias por maltrato, agresiones y violencia contra sus esposas o ex-cónyuges, esconde una situación lamentable de fondo: la casi práctica totalidad de estos casos se debe más que a denuncias unilaterales -víctima versus agresora-, a un auténtico intercambio de maltratos conjuntos, vejaciones mútuas, agresiones compartidas, violencias recíprocas entre ambos; que resulta imposible culpar, penar o imputar a una de las dos partes implicadas porque se desconoce quién empezó primero. Lo que si se sabe es que ambos son culpables, autores, brazos y manos ejecutoras que se atacan y responden entre si. No hay uno de ellos que ceda, soporte, calle, aguante o se defienda pasivamente. Ni el otro u otra es quién únicamente actúa. Hombre y mujer, mujer y hombre, cual interminable set tenístico, liados a insultos, mamporros, humillaciones y acoso psicológico. Como dos boxeadores. Y la cocina, el salón, el pasillo o el dormitorio; convertidos en un ring de asalto.

En lo profundo de la situación, subyace el sufrimiento de los verdaderos 'mártires', de las principales víctimas reales: los menores de edad, los niños. Niños que asisten impotentes a escenas de violencia brutal entre sus padres. Seres indefensos y sensibles a hechos que les afectan y que pueden traumatizarles dejándoles secuelas para la adultez. Muchos de ellos conviven o malviven con la violencia a diario e incluso aparentemente no se percatan de ello y hasta abusan de video juegos agresivos y de cómics y films televisivos violentos aunque tan sólo lo sean tímida y subliminalmente. Fiel reflejo de la sociedad. La violencia y la agresividad sociales se reflejan, reproducen y desarrollan en el hogar. Cuanto más agresivo es el mundo exterior, más violencia puede darse en los mundos interiores -llámense 'familias y hogares'- y viceversa. Lo más grave es que no se vislumbra mejoría en esta escalada violenta entre sexos. Por ahora, estamos en el 15 por ciento. Pero, ¿y mañana?


Josep Esteve Rico Sogorb

'Ceuta city', ciudad sin ley

Lamentable. Se ha llegado a unos extremos en que más que la bella 'Perla del Mediterráneo', Ceuta ya se parece a aquella salvaje villa del célebre western titulado 'Dodge City, ciudad sin ley'. A este paso, tras la negativa imagen de Ceuta en 'Bajarse al Moro', no me extrañaría que a otro cineasta se le ocurriera rodar una película en el mismo corazón de la barriada de El Príncipe, por ejemplo. Mal rollo.

Por desgracia, Ceuta se agita socialmente entre clanes mafiosos, tiroteos nocturnos, incendios, violaciones, puntuales hechos racistas y xenófobos -aunque minoritarios- robos, violencias de géneros, narcotráfico, contrabando, mafias humanas, inmigración ilegal descontrolada, etcétera.
Los motes delictivos ceuties son cada vez más sonoros, rimbombantes y hasta celebérrimos socialmente hablando. Motes que uno pensaba que solo eran propios de las cárceles y que nada más aparecían en las peliculas del hampa o en las de tribus urbanas como 'Perros Callejeros'. Vamos, que estábamos confiados en que Ceuta no llegaría a este límite. Que tales motes y situaciones eran cosa de Carabanchel, Vallecas o El Bronx. Pues, no, ya lo ven.

Cuando se entera uno -a pesar de las contradicciones testimoniales por temor o cualquier otro motivo- de que unos mafiosos ceutíes ofrecen a su víctima y testigo de cargo 100 millones para salvar el pellejo callando o de lo contrario, la muerte segura; además de echarse las manos a la cabeza, los escalofríos y el miedo paralizan la racionalidad como persona.

Nombres delictivos peligrosos, sinónimos de terror y extorsión como ‘Stifo’ , ‘Said Toss’, 'Nadir', 'Stielike', ‘Tafa Sodia’, 'El Nene' o 'Mario'. Individuos que campan a sus anchas y dominan territorios, manteniendo amedrentados y amenazados a los vecinos. Apodos que causan miedo entre la población tal y como sucedía con personajes de la ralea de 'El Lute' o 'El Vaquilla'.

Para agravar la historia aún más, se involucra o relaciona en la trama de estos mafiosos hasta a un ex-delegado del Gobierno en Ceuta, Luis Moro. Muy fuerte. Todo ciudadano es inocente mientras no se demuestre la contrario. Moro merece ser tratado como tal. El testimonio de 'Piti', testigo por la muerte de 'Kimbi', asegurando haber tenido tratos con Moro ha de ser demostrado. Si es falso, se zanja el asunto y sale limpio el ex-delegado gubernamental apenas sin ser comidilla de la ciudadanía. Pero si resultara cierto, malo para él pues quedaría malparado como un comisario o sheriff corrupto de un western. Penoso para el sistema político y la Administración. Triste para Ceuta y su imagen. Una imagen desfavorable de 'Ciudad sin Ley'.
J. E. R. Sogorb