Se juega como nunca...se pierde como siempre. Esta sería la frase que resumiría el juego de la selección española de fútbol y que además, explica esa sensación que a todos nos invade, prácticamente desde siempre, desde que se inventó el campeonato mundial del llamado 'deporte rey' hace ya bastantes lustros.
Pero es que, más o menos, básicamente casi nunca, casi con ninguno de sus entrenadores a lo largo de su historia competitiva, el combinado español, ha dado 'pie con bola'. Matices técnicos y peculiaridades personales aparte de los 'misters' al frente de la selección como Santamaría, Muñoz, Kubala, Suárez, Camacho, Clemente, Saéz, Luis; es cierto que no hemos llegado jamás a una semifinal, si mal no recuerdo y si la memoria no me falla, ya cumplida la cuarentena.
Es verdad que 'cada maestrillo tiene su librillo' y que cada entrenador de la selección ha dejado su huella en el equipo español. Al parecer, unos 'misters' apostaron por la juventud. Otros, por la veteranía aunque mezclada con aquella. Unos entrenadores fueron más ofensivos que otros y unas alineaciones resultaron más atacantes que otras, con más fuerza, ímpetu y velocidad; llegando a acuñarse el tópico 'la furia española', que no produjo el efecto motivador esperado. Esa 'furia' que se blasonaba por doquier, fue 'neutralizada' por selecciones de fútbol dispares pero a la vez con la cabeza bien amueblada, que jugaban con inteligencia, y astucia, controlando los nervios y sin el exagerado optimismo que España pregonaba a los cuatro vientos.
Recuerdo a selecciones que seguramente tenian, la mayoría de ellas, inferior calidad técnica o peores jugadores en cuanto a individualidades pero que en su conjunto estaban armonizadas y jugaban con la mente, no con los pies. Equipos que se movían en el césped inteligentemente, con paciencia y a la vez como un motor cuyas piezas funcionaban interconectadas y al unísono. Equipos que no jugaban con las mismas garra, furia, energía, empeño, fuerza y 'furia' de España pero que con humildad, resistencia e inteligencia superaron al combinado español. Como aquella Alemania, con el elegante Rummenige y el técnico 'kaiser' Beckenbauer. A esa Francia de Platini, Larios, Amorós, -este de origen español, de la Vega Baja alicantina- Lizarazu -vascofrancés-, Henry, Zidane, Deschamps. O la Italia de los hermanos Baggio, que tan mal sabor de boca nos dejó y que Julio Salinas seguro que no olvidará. Y todo ésto sin olvidar los tragos amargos que infundieron selecciones como Irlanda, que como un 'David' doblegó al orgullo patrio rojigualdo y a la 'raza' o a la 'furia de ese 'Goliath' llamado España y que cada cuatro años, se airea como favorita a ganar el Mundial.
Humildad y trabajo. Prudencia y moderación. Realismo y pragmatismo. Paciencia y estrategia. Planificación a largo plazo y formación-crecimiento en los jugadores para crear un equipo de la nada, desde cero. Nada de exceso de optimismo, de exagerada confianza, de utopía e ilusiones. Los pies en tierra, la cabeza fría y el corazón amarrado. Todo ésto y mucho más es lo que necesita la selección española, empezando por su entrenador -sea quien sea, no personalizo- pasando por los jugadores y terminando en el último de sus miembros, sea un masajista o el utillero o limpiabotas, que éstos también influyen en la plantilla, incluso en los vestuarios.
Cabe hacer un acto de contrición, entonar un 'mea culpa' y reconocer que la soberbia, el desmedido orgullo, el exagerado optimismo, la excesiva autoconfianza y la falta de mira de planificar a medio/largo plazo; nos han perjudicado. Hay que eliminar tales actitudes. Lo digo con la boca grande y de cara, a los cuatro puntos cardinales. Y como aviso a navagantes, va para todos: autoridades, administración, federación, entrenador, jugadores y...prensa. Si, si. Aunque parezca mentira, en un ejercicio de autocrítica, aseguro que la mitad porcentual del 'fracaso' de la selección española, es cosa nuestra, de los periodistas, de los medios de comunicación españoles.
Ya se que no existe la objetividad absoluta en periodismo -y en cualquier actividad- y que los informadores -también quienes hacemos opinión- somos personas sensibles, con sentimientos a la tierra que nos vió nacer y en la que trabajamos; lo que nos conduce irremediablemente a apoyar a la selección española de fútbol con fervor - brota la vena patriótica bien con la pluma, unas veces desde el micro y otras mediante cámara en ristre, cuando se informa sobre un partido- uniendo a la noticia, la opinión personal del periodista.
La mitad de la 'culpa' o responsabilidad del 'fracaso' de la selección española de fútbol es, sin duda, de los 'mass media', de los medios de comunicación. Eso si, de unos, más que de otros. Algunos diarios deportivos -y concretamente ciertos redactores- varias emisoras de radio -sobre todo, unos cuantos locutores- y especialmente unas cadenas televisivas -y varios comentaristas y presentadores- han estado 'vendiendo la burra' de que España era la favorita a campeona incluso antes de comenzar el Mundial. Grave error. El efecto mediático produjo consecuencias momentáneamente de 'euforia' en la población y entre los mismos periodistas -también en los políticos y la administración, solo cabe recordar como Presidencia, desde la Moncloa, se atribuía el éxito de los dos primeros partidos de la selección nacional, como un logro de la 'política plural' del gobierno Zapatero- y que después resultaron negativas, a la contra.
Al final, siempre ocurre lo mismo cada cuatro años: se juega como nunca...y se pierde como siempre. Y con selecciones más veteranas y expertas, como Francia, que formó hace una década una selección desde cero con bastantes jóvenes planificando a largo plazo. Y aquellos jóvenes son ahora los veteranos que supieron aguantar la impulsiva garra y el ímpetu arrollador pero sin orden ni concierto de España en el primer tiempo para acabar sentenciando el partido en el segundo período con tres contragolpes rápidos, mortíferos y letales pero técnicamente perfectos y orquestados inteligentemente desde el centro del campo.
Y es que el fútbol, en contra de lo que algunos piensan y practican, no se juega con los pies ni con el corazón sino con la cabeza. Sin apasionamientos. Como las hormigas: calladitas, poco a poco, laborando, sin alardeos de grandeza. Como hizo Rafa Benítez en el Valencia CF o en el Liverpool.
Por cierto, sería un gran entrenador para la selección española. Estoy seguro.