DESPUES DE FIESTAS
Retomo mi columna de opinión tras un necesario paréntesis vacacional y festero. La canícula agosteña, el estrés y las múltiples ocupaciones personales, me obligaron a ello. El cuerpo y la mente venían demandando descanso y relax, pero también ocio y fiesta. En definitiva, necesitaba desconectar de la monótona rutina diaria, presente durante todo el año, para recargar mis 'pilas' regresando a la cruda normalidad con plena energía. En gran parte ha sido así aunque tras lo bueno vivido, después de tanto disfrute, a pocos días de terminadas las fiestas y las mini-vacaciones; la nostalgia y la añoranza de los ratos maravillosos deja, con cierta melancolía, la sensación de saber a poco, de necesitar más días festeros y vacacionales, de un vacío angustioso. Es el 'sindrome post-vacacional'. Una depresión que padece un elevado porcentaje de la población y que se conoce por sus síntomas de tristeza, abulia, apatía, deseos de revivir descanso y disfrute y rechazo a volver al trabajo.
En Elche, por la coincidencia de días de vacaciones y fiestas patronales, podemos hablar de una doble depresión o de una síntomatología dual. Además del mencionado síndrome post-vacacional se da el 'sindrome post-festero'. Muchos ciudadanos, al margen de descansar de su actividad laboral tomando vacaciones, participan de lleno en las fiestas -entregados a tope-organizando actos, desfilando, actuando, montando recintos, kabilas y cuartelillos; entre otras cosas. Estos ilicitanos -entre los que me hallo, pues también tomo parte en las fiestas- estarán ahora sufriendo ambos síndromes y seguro que acusarán en mayor medida el 'post-festero' porque aquella persona que se precia de ser 'festera', de vivir y sentir como tal, experimenta una 'morriña' de órdago antes incluso de que acaben las fiestas, siendo el último día, el peor y más triste momento. Destacada es la pena de los pamploneses que el día de fin de festejos cantan llorones aquello de 'pobre de mi, ya se han acabado las fiestas de San Fermín'. Y aunque no existen coplas similares para el final de las fiestas de Elche, la sensación es idéntica entre los festeros ilicitanos.
A pocos días de concluidas las fiestas resulta importante ahora, 'curar' o cuanto menos combatir, la 'morriña' post-festera. Algunos -principalmente organizadores y responsables de comisiones, escuadras y comparsas- ya empezaron su 'tratamiento' y lo están llevando a cabo. El mismísimo día 15 por la noche, tras el castillo de fuegos artificiales -broche final a las celebraciones festeras locales en honor a la Patrona de Elche, la Virgen de la Asunción- dirigentes y directivos pertenecientes a todos los entes festeros -Pobladores, Moros y Cristianos, Gestora de Festejos y Unió de Festers del Camp d' Elx- se pusieron febrilmente a pensar en las fiestas del año que viene devanándose los sesos buscando ideas para mejorarlas. Así debe ser. Un verdadero festero no descansa. Despide unas fiestas recientes y empieza a trabajar para diseñar las venideras. El festero, -de cualquiera de los entes existentes- es todo un ejemplo de dedicación altruista. Sin él, no habrían fiestas. Ni se atraería a visitantes. Confío en que pronto se haga realidad el 'Monumento al Fester'. Sin duda, sobradamente merecido.
Josep Esteve Rico Sogorb