La Generación del Mañana
Se acaba el mes agosteño, época de vacaciones y de fiestas patronales. Pero agosto, dicen los psicólogos, es también el mes de los conflictos amorosos y familiares. En septiembre, tras la vuelta a la normalidad cotidiana y a la rutina, se disparan las demandas de separación y de divorcio así como las distintas violencias 'de género' y problemas de convivencia entre padres e hijos. Ejemplos no faltan. Las estadísticas están ahí y los estudios psicológicos así lo evidencian.
Tras el 'sabático' mes vacacional y festero de agosto por antonomasia -si bien los jóvenes estudiantes son más tempraneros ya que empiezan su 'descanso' en junio- llegan los exámenes de recuperación y el inicio de clase. O sea, la cruda realidad. No niego que los niños y los adolescentes no sufran a su manera su particular 'morriña', su peculiar 'depresión postvacacional' después de lo bien que se lo pasaron en vacaciones y fiestas locales, seguro que si; pero la mayoría de ellos -y cada vez más-a pesar de las excepciones honrosas -que haberlas haylas- se manifiesta frente a los consejos y las normas de los padres-holgazana, irresponsable, vaga, rebelde, tediosa, 'pasota', entre otras muchas conductas negativas.
Aquellos que posean varias 'calabazas', varios suspensos de asignaturas consideradas 'imprescindibles', lo tienen crudo y la llevan clara para recuperarlas y pasar de curso. Sobre todo si no han dado ni una, ni pie con bola este verano. Vamos, que los tres meses de vacaciones estivales los han vivido ' a tope' en todo -cuando hubo tiempo de sobra para combinar ocio, quehaceres hogareños y estudios-, menos en obligaciones y responsabilidades de diversa índole: familiares, domésticas, educacionales, estudiantiles, etcétera. Y lo peor de todo: con el consentimiento de los padres. Padres, que en su mayor porcentaje, se muestran tolerantes, comprensivos, permisivos y hasta 'blandos'.
De todo ésto, se aprovechan sus hijos para 'chantajear' emocionalmente a la hora de conseguir no la más necesaria libertad sino el incorrecto 'libertinaje', con la consabida impotencia de los progenitores para encauzarlos debidamente ante lo que los hijos se 'rebotan' furiosamente sin hacer ni 'puto caso'.
Alerta la sabiduría popular -emanada de los mayores, precisamente-, rica en expresiones cargadas de razón y verdad, que 'cria cuervos y te sacarán los ojos', o que 'quien bien te quiere te hará llorar'. Sé que existen egoísmo, tiranía y despotismo en cierta cantidad de niños y de jóvenes españoles. Características que podrían ser consecuencia u origen -eterna discusión de la Psicología actual- de una delicada y dificultosa situación familiar .
No busquemos culpables, no es positivo, pero sí en cambio hallemos responsabilidades y soluciones de consenso entre ambas partes desde el diálogo mútuo tras reflexionar y con la mediación de profesionales. De lo contrario, el futuro de la generación de hoy -los jóvenes de ahora y adultos del mañana- será desastroso y un fracaso de todos; de padres, hijos y terapeutas.
Encaucemos a la actual perdida generación para que sean dignos sucesores nuestros, correctos padres y madres, mejores que nosotros. Todo sea por la generación del mañana. Un mañana libre de conflictos, armónico y respetuoso. En nuestras manos queda porque aún estamos a tiempo.
Josep E. Rico Sogorb