martes, octubre 31, 2006

Hasta pronto, Dama

Como el enanito gruñón, odio las despedidas. Y más cuando se trata de despedir a quienes estimo. Me disgusta decir 'adiós' y prefiero un buen 'hasta luego' o un 'hasta pronto' porque me ofrecen la posibilidad de soñar y anhelar, esperando ansioso, futuras visitas de aquellas personas, familiares y amistades, por las que siento cariño. Si con gentes de carne y hueso me afectan tanto las despedidas, qué decir sino con símbolos no mortales cuyo significado toca la fibra de todo un pueblo, como nuestra Dama de Elche.

Se nos va la Dama, la 'Reina Mora'. Se cumplió el plazo acordado y concluyó su estancia tenporal. Se llevan nuestro busto ibérico. Devuelven a la Señora, -Princesa o Diosa, elegid- al lugar donde estuvo desde 1971 -Museo Arqueológico en Madrid- y del que salió el 17 de mayo de 2006 para ser expuesta durante seis meses en su ciudad, nuestro Elche. Que los acuerdos firmados entre Ayuntamiento y Ministerio de Cultura son para cumplirlos, acatarlos y ejecutarlos; es bien cierto. Y por ello, ha de ser devuelta, pensando con la cabeza, con la lógica de la razón. Midiendo con la vara del raciocinio y del sentido común, sería grave impedir dicha devolución.

Pero, esta es una de esas ocasiones en que la mente y el corazón, en que la idea y el sentimiento, se pelean entre si y causan a la persona una angustiosa dualidad o un enfrentamiento dudoso y ambiguo. Por un lado, aceptar pacífica y cívicamente devolver la Dama a quien nos la cedió -Ministerio de Cultura- e incluso con agradecimiento por autorizar la cesión cuando pudo de nuevo rechazarla como en años anteriores ante las repetidas e insistentes solicitudes de nuestro Ayuntamiento.

Por otro lado, el corazón y el alma nos juegan malas pasadas. Los sentimientos encienden nuestra sangre ilicitana. La pasión y el fervor nos hacen desear retenerla, mantenerla y protegerla contra esa devolución legal pero dolorosa como despedida aunque se trate de un 'hasta pronto'. Nos habíamos acostumbrado a su presencia en casa desde mayo a noviembre. Su estancia ha sido tan benefactora para la ciudad -aportando turismo, ayudando a la economía y al comercio locales- que como una preciada joya o amuleto, la Dama nos ha traido suerte en general con esas mejorías en el calzado y el comercio tras el verano. Casualidad o no, lo cierto es que la Dama es un revitalizador y un potente catalizador. Alrededor de ella han girado técnicos profesionales, investigadores y especialistas. Ha generado e impulsado economía y empleo. Se realizaron diversas actividades modernizándose infraestructuras, etcétera.

Llegó la hora de la despedida y cuesta decidir. Al hablar de la Dama y de su regreso a Madrid, la cabeza y el corazón se contradicen y eso duele. Mi pensamiento quiere devolverla pero mi sentimiento se aferra a su urna, se agarra al pedestal para que nadie se la lleve, para que no se mueva de donde está, forcejeando contra los enérgicos brazos enguantados de los técnicos que vienen a por ella. ¡Qué angustia sentí! Cuando desperté del sueño supe que regresó a Madrid.

Hasta luego, Dama. Vuelve pronto. Y para siempre.


Josep Esteve Rico Sogorb
escritor y periodista
presidente del Grup Cultural Ilicità 'Tonico Sansano' de Elche

lunes, octubre 30, 2006

Todos los Muertos

Se acerca el día de Todos los Santos. Una fecha para los recuerdos. Recuerdos de personas que nos dejaron y que los vivos honramos visitando cementerios. Es una celebración que, a unos les parecerá triste pero como una obligación familiar, la llevan a cabo depositando flores, tocando y besando fotos de los difuntos y llorándoles.
A otros, tal vez los menos, este día 1 de noviembre, como cada año, les resulta tan doloroso que prefieren no ir al camposanto y recuerdan en su memoria a sus seres queridos en casa.
Hay quien considera que muchos de los vivos visitantes frivolizan con hipocresía ante lápidas, tumbas, panteones y nichos pésames y besos por doquier, con algunas lágrimas de cocodrilo y frases típicas del estilo: '¡qué lástima, tan jóven y mira...!' , '¡pero que hijo de p...ahí está y sonriendo, el muy canalla, hay que ver el por c...que dió hasta que se murió...!'
Imaginénse un cementerio masificado de gente y la mayoría tras sus quehaceres obligados -adecentar lápidas y poner flores - cotilleando y frivolizando en vez de dedicarse a la introspección respetuosa con sus difuntos. Patético.

También hay casos que nos tocan los c...como cuando las personas 'cotillas' y curiosonas tras cumplir con sus difuntos se pasean por el cementerio recorriéndolo entero -a modo de divertimento para matar el aburrimiento, como si no tuvieran nada más importante que hacer- entreteniéndose en descubrir a conocidos: '¡anda, pero si es fulanito, mira que no invitarme al entierro..!'.
Estas mismas personas 'criticonas, curiosonas y cotillas' a veces, muestran su humanidad mediante compasión, pena, lástima y tristeza hasta llorando de verdad cuando oteando lápidas y nichos descubren la foto de un bebé o de un niño pequeño fallecido presentado como un querubín. Y es que en tales casos cualquiera se conmueve.

En todos los cementerios se registran miles de visitas, no sólo de los residentes en la ciudad sino de aquellos ausentes que viven fuera de ella y que en ciertas ocasiones al año acuden para visitar a sus familiares y amigos. Todos los Santos es una de ellas junto a Navidad, Semana Santa y Fiestas Locales.
En los camposantos españoles hay enterrados y reposando sus restos, muchas personas propias del lugar, de nacimiento o de adopción y algunos personajes ilustres de todas las tendencias, costumbres, carácteres, ideas e ideologías. No son pocos los cementerios que poseen algún mausoleo y/o alguna inscripción en honor al bando de los vencedores de la guerra civil.
Y otros, aún tienen alguna fosa común donde están enterrados los represaliados, los vencidos, sin sus nombres; lo que supone agravio histórico y un injusto olvido a este bando que también se merece un monumento que le recuerde debidamente. Monumento que además, cierre heridas reconociendo a ambas partes y reconciliándolas fraternalmente para la eternidad.
Porque la contienda civil fue una guerra entre hermanos que jamás deberá repetirse. Los luchadores de ambos bandos, los soldados muertos de las dos partes, los civiles de unos y otros; todos ellos se merecen nuestro reconocimiento y homenaje cada 1 de noviembre cuando visitamos los cementerios por Todos los Santos. Con católicas oraciones o con flores bien rojas -rosas y claveles-, que elija cada cual, pero seriamente y sin frivolidad.
Honremos a todos nuestros muertos.
Por Josep Esteve Rico Sogorb