No sólo llueve en Ceuta ni ha sido la 'Pollinica' ceutí la única cofradía que no llegó a procesionar por culpa de la lluvia. En la mayor parte de España las precipitaciones 'aguaron' el inicio de la Semana Santa con la consiguiente desdicha de cofrades, devotos y público asistente.
Las lágrimas de niños y mayores se llegaron a fundir con las gotas caídas de las nubes. Es una pena que tanto trabajo durante meses para tener todo a punto se truncara por los chaparrones, pero asi está el clima, revolucionado, y cuando llueve, llueve, a pesar de ser Semana Santa. Y en Ceuta más aún. No en vano es una ciudad verde de vegetación y de clima húmedo para sorpresa de aquellos que desde la distancia y sin haberla visitado, tienen la errónea creencia de que es un lugar seco, árido y casi desértico por el hecho de estar en África.
Es cierto que hace falta agua en todas partes. Los agricultores de la península consideran una bendición estas lluvias porque aseguran las cosechas y se acumulan reservas para próximos riegos. Los penitentes semanasanteros con su fervor y dedicación de plena entrega, aunque saben que el agua es buena para el campo, se encomiendan a sus santos en estos días de Pasión y Gloria y hasta piden a San Pedro que no sacuda las nubes ni abra el grifo en Semana Santa y que se espere que ésta acabe.
Ambos colectivos tienen razón y sus razones, y no les falta verdad. Cada cual lo ve desde su vivencia, posición o experiencia. O según el color del cristal de sus gafas.
El problema es que nunca 'llueve' al gusto de todos. Ni siquiera en Semana Santa.
Por Jose E. R. Sogorb

