
Ante la proximidad de las elecciones, asistimos a un aumento en contundencia verbal, violencia dialéctica, agresividad emocional, crispación, tensión e irrespetuosidad con pérdida de maneras entre nuestros políticos, algo que no debería convertirse en crónico, pues resultaría nocivo para la convivencia democrática y dañino tanto para los líderes como para el pueblo. Improperios, insultos, salidas de tono, gritos o enérgicas voces elevadas, descalificaciones, intimidades, ‘trapos sucios’, ira, rencor, odio, enojo y otras cosas más; es lo que el pueblo viene captando y empapándose por parte de los políticos. Ni siquiera el ambiente de las primeras elecciones de la transición –en las que estaban "calientes" los ánimos y muy reciente el viejo régimen- se puede comparar con el actual momento.
El ejemplo de los líderes en sus debates, ruedas de prensa y sesiones plenarias; es de lo más desagradable: lamentable, patético, violento, incivilizado e impropio de representantes del pueblo. Un pueblo al que le toca aguantar la desgraciada situación hasta sentir vergüenza y enfado. Defender cada líder y cada partido sus ideas, planteamientos, propuestas y proyectos, no ha de dar lugar al insulto, a la agresividad y a la irrespetuosidad. Cabe discrepar, debatir y discutir. Que cada cual defienda su postura como la mejor o más conveniente para la ciudadanía pero sin llegar a tales extremos.
El ruedo político a cualquier nivel –local, autonómico, estatal- no debe producir el "destape" de intimidades y privacidades porque no se trata de asuntos del "corazón", la política tiene que ser algo serio, nada frívolo. La situación se asemeja a un interminable set tenístico en que ambos contrincantes se devuelven los golpes con tales virulencia y mala leche que hasta los espectadores -ciudadanos- nos cansamos al punto de olvidar y ‘pasar’ de quien empezó primero. Algo que a la mayoría nos importa un rábano. Si los políticos pierden la compostura, la educación y el respeto cayendo tan bajo y son nuestros representantes y fiel reflejo de la sociedad, ¡cómo será el pueblo que los ha votado! No niego que la sociedad actual sea más agresiva –ahí están los altos índices de maltrato, por ejemplo- pero los ciudadanos no tenemos culpa del pésimo comportamiento de los políticos.
Todo ello produce en el pueblo decepción y animadversión generalizadas hacia los líderes y sus partidos, aumentando los escépticos, indecisos, hartos, desilusionados, decepcionados y críticos. Una gran mayoría está hasta los cojones de que todos los políticos –principalmente de los líderes de los dos partidos mayoritarios- se lleven a matar y se comporten tan agresivamente. Tendrían que recibir clases de civismo, educación democrática, mundología y respeto para acabar con esta situación y dar así, ejemplo de corrección, de moderación, talante, buenas maneras, honradez y profesionalidad, que es lo que los ciudadanos desean y esperan de ellos.
¡Basta ya! Pacifiquen y calmen la política.¡Nunca máis a más insultos y violencia verbal! Por el bien de la democracia. Por el bien de todos, de ellos y de nosotros, el pueblo.
Por Josep Esteve Rico Sogorb
lunes, febrero 18, 2008
¡BASTA YA! ¡NUNCA MAIS!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada